Lo crucial que es el ejemplo en la crianza de nuestros hijos e hijas

Una tarde, por la calle, me paré en un cruce con el semáforo en rojo para peatones. Estaba al lado de un padre y un niño de unos 5 años, ellos iban cada uno en su bicicleta.

-Papá, ¿cruzamos?

-No, que está en rojo y nos pueden pillar los coches

-Pero, no lo entiendo… ¡yo te he visto cruzar muchas veces en rojo!

-Pero porque los adultos podemos y… y los niños no pueden – el padre ya se iba viendo apuradillo. Porque su hijo le había pillado en una incongruencia.

Conozco a una chica, que siendo ella bastante alegre en general, a veces tiende a estados depresivos inexplicables. Llega la noche y sólo tiene ganas de llorar sin motivo aparente. También se ve fuertemente atraída por su zona de confort, de la que pocas veces sale, y cuando lo hace le da un miedo y una ansiedad que la obliga a volver cuanto antes. Y curiosamente su madre presenta el mismo caso, pero más acusado y grave.

A lo largo de este último verano, mientras he tenido la oportunidad de estar rodeada de niños y niñas de mi familia (que no es pequeña), he aprendido mucho. He visto padres y madres con sus hijos e hijas, mientras los educaban de la manera que sabían o que la sociedad les había impuesto.

He visto a un padre prepotente con su hijo prepotente,

He visto una madre agresiva con su hija, también agresiva,

He visto a una madre liberada con su hija, también libre y feliz.

Todo lo escrito hasta ahora en este post, se reduce a una única palabra que lo define: EJEMPLO.

Defino ejemplo: Persona o cosa digna de ser imitada por sus buenas cualidades.

Para un bebé-niño o bebé-niña, sus padres u otras personas que los estén criando en su defecto son, prácticamente DIOSES. O algo muy parecido. Y por tanto los imitan sin casi cuestionárselo.

Por tanto si queremos que nuestros hijos e hijas no digan tacos, no los diremos.

Si queremos que no griten, no gritaremos.

Si queremos que no juzguen, insulten, abusen, no lo haremos nosotros.

Si queremos que coman bien, nosotros comeremos bien (todos los de la casa, no vale que lo haga sólo uno o una).

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Si queremos que no maltraten a los demás, personas o animales, nosotros no lo haremos. Tenemos un caso, el del Toro de la Vega. ¿Os creéis que ese tipo de maltrato empieza de la nada como adultos? No… Esos adultos que lancean al toro, de pequeños han lanceado gatos. Es la versión infantil del Toro de la Vega. Otra vez vemos ese ejemplo del adulto hacia el niño.

También me hace “muchísima gracia” los padres hiperfumadores que ponen el grito en el cielo cuando ven a su hijo o hija fumando por primera vez, a los 14, 15 años… En serio, ¿qué pretendéis? Vuestros hijos os ven amorrados a ese cúmulo de nicotina y alquitrán todo el día, y sobretodo cuando estáis ansiosos. Lo toman como ejemplo, aprenden que ese cigarrillo os calma y que podría calmarles a ellos igual. Y fuman, claro que fuman.

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Y así, MIL COSAS más del día a día con las que debemos dar ejemplo y rara vez lo hacemos. Poca gente veo yo que sea consciente de la IMPORTANCIA VITAL del ejemplo. Porque ese ejemplo supone la diferencia entre cambiar el paradigma o no cambiarlo.

Yo, que estoy embarazada de 32 semanas ya, quiero empezar y voy a empezar a acostumbrarme a no hacer las cosas que no quiero que mi futura hija y sus futuros hermanitos hagan. Trabajaré duro por ello, porque odiaría convertirlos en dobles míos, porque hasta ahora he dicho, hecho y pensado muchas cosas perjudiciales tanto para mí como para ellos si me imitaran. Y por eso voy a trabajar ese ejemplo que es tan crucial y tan importante.

Os animo a que analicéis, del día a día, que cosas hacéis y decís que no os gustaría que vuestros hijos e hijas imitaran. Os sorprenderéis, seguro. Pero al menos tomaréis consciencia y lo trabajaréis desde la razón.

Espero haberos hecho pensar, al menos un poquillo.

Ana Selva

Autora del blog.

Retomando…

Empiezo con el blog en este momento porque no he visto otro mejor. Hasta ahora estaba en una vorágine de trabajos, cansancio, problemas familiares, mudanzas, estrés, preparativos de boda, visitas al médico, ingreso hospitalario…

Tengo que poner al día esto así que lo haré de forma clara, sin mucho rollo pero sin aburrir tampoco (espero). Voy a coger carrerilla…

29 febrero – Ya llegó la luciérnaga a mi vida. Este fue el día que me quedé embarazada, sobre las 5 de la madrugada. ¿que cómo lo sé? pues porque lo ví con mis propios ojos. Hay gente a la que le pasa, no estoy majara ni nada por el estilo (de momento). Fue como si me hicieran una foto con el flash dándome directo a los ojos, así lo describo yo. 3 meses antes ya había percibido esta alma rondándome como una pequeña luciérnaga, como siendo avisada de que llegaba…

16 de marzo – ¡Positivazo fallero! Yo ya sabía que estaba embarazada, en realidad, que soy muy lista… Un mes atrás me había hecho un pipitest con 6 días de retraso pero salió negativo. Pero esta vez como ya sabía el resultado no esperé más que 2 días después de la fecha de regla… Fue bonito, porque no vi yo el resultado. Como hacía en mi época estudiantil, preferí que me dijera otra persona el resultado: Luis. ¡Me iba a hacer la jugarreta pero el shock se lo llevó él! DOS RAYITAS. Qué emocionante… Pero no se fiaba de ese test y quiso repetirlo “a lo pijo” con uno de estos de ClearBlue… La noche del primer positivo fuimos a celebrarlo cenando en Foster’s (somos un poco pobres, ¿vale?) y después fuimos a ver fallas. Queríamos mantenerlo en secreto hasta decírselo a parientes y a mí se me escapó la lengua y se lo dije a un par de antiguas compañeras de cole. Ana mala.

19 de marzo y 21 de marzo – Comunicando… Esos fueron los días que lo dijimos a nuestras respectivas familias. A mi suegra se lo dijimos con un granito de quinoa (el entonces tamaño de la luciérnaga) al igual que a mi cuñada. A mis padres les dije: bueno… que os voy a ascender de padres a abuelos. ¡Subimos de nivel! Cabe decir que mi padre se emocionó y mi suegra un poquito también… pero los demás estaban en shock pensando que mi vida se había ido un poco a la M. Reacción normal, tengo 23 años y no están acostumbrados.


37000287-9dab-417d-bab7-44a683e5858031 de marzo – Pequeñita de galopante corazón. 
Como estaban fallas y pascua por medio, tuvimos que esperar dos semanas para ver si había un corazoncito latiendo dentro de mi útero. Pero en ese periodo de tiempo tuvimos una pequeña señal de que sí lo había. Íbamos a tomar una tortilla y al cascar el huevo vimos que no era un huevo normal (la menstruación de una gallina) ¡sino uno FECUNDADO! se veía el pollito ultradiminuto ahí metido. Es triste por el pollito pero una gran causalidad por el momento en el que estábamos. Cuando fuimos al ginecólogo, estábamos muy nerviositos los tres (venía mi suegra). Al escuchar ese latido tan fuerte y galopante lloró ella, yo me llevé la mano al corazón y Luis se emocionó bastante. Luego yo estaba en una nube de amor increíble.

Semana 8 – Se me iba el alma por la boca. Síiiii, las náuseas, fieles compañeras de todas -o casi todas- las mujeres gestantes. Cuando tenía el estómago vacío o mediovacío me daban unas arcadas dignas de la niña del exorcista. Regué la calle Botánico Cavanilles, la calle San Vicente Mártir (todo a plena luz del día), el suelo de mi sala de estar (culpa en parte de cierto programa de TV que no quiero ni nombrar) y algún que otro sitio más. Suerte que a la semana 14 o así ya dejé de considerarme una regadera. A tiempo para mi boda que fue en la semana 16. Mi truquillo era no tener el estómago vacío y tomar cosas fresquillas (aceitunas, zumo de tomate, queso Philadelphia…).

Semana 18 – She is moving! Aquí fue cuando comencé a notarla. No sabía ni que era niña aún, eso lo sabríamos la siguiente semana. La notaba sobretodo cuando estaba tumbada y muy atenta. Cuando hacía respiraciones profundas ella se movía. Era como una pequeña sincronía. Esa semana nos fuimos de mini-vacaciones a la finca de Torrente (ciudad-pueblo por Valencia), donde se movió más para deleite de primos, tíos y familiares diversos.

Semana 19 – Se llama Victoria. En esa semana supimos (confirmamos) el sexo del bebé, acompañados por primerísima vez en la ecografía por mi madre. Ella pensaba que iba a ser niño pero vaya si se equivocó. También estaba mi suegra, ¡que no se pierde una! Luis ya sabía de sobra que iba a ser niña, esa intuición que tiene… Nada más ponerle el nombre ya advertí que no se le iba a llamar ni Vicky, ni Vivi ni cursiladas varias. Como mucho, Vic o Vico. Estas cosas hay que avisarlas desde el principio, que la gente es muy plasta.

Semana 20 – Eco Doppler. Yo ya estaba nerviosísima, necesitaba saber que todo estaba bien por ahí dentro, que seguía sana. Todo fue genial, todo estaba en orden. Victoria es una luciérnaga sana.

Durante todas las semanas de embarazo hasta prácticamente la 30 estuve muy estresada, con ansiedad por mis trabajos pre-uni. Lo pasaba muy mal, mi cerebro racional se me estaba apagando para dejarme sin raciocinio ni capacidad de concentración. Decidí abandonar el curso porque soy consciente de mis capacidades en estos momentos y en los que vienen. Puesto que hay más vías para terminar siendo matrona, que es lo que yo más deseo, esperaré lo que tenga que esperar para conseguirlo, sin poner en riesgo la crianza de Victoria (y de los que vengan detrás).

Semana 30 – Hospital. La pequeña luciérnaga hizo un intento de llegar al mundo antes de tiempo. Contracciones fuertecillas y frecuentes, pinchazos en cuello del útero, mucho movimiento… Consulté con una buena amiga matrona y me dijo que o amenaza de parto prematuro, o infección de orina o nada. Que comiera algo y si no se me pasaba que me fuera al hospital. Y así fue, de martes a viernes en Quirón. Me pusieron monitores por las mañanas y vieron contraccioncillas, pero luego al hacerme tacto no vieron que fueran productivas. Agradezco mil las visitas de familia y amigos, sus mensajes y sus llamadas. ¡Me sentí muy acompañada! Con lo incómoda que estaba con el gotero y la vía, el bajón de estar todo el día en la cama… Me vino fenomenal hablar con gente.

Semana 31 – Nido, nido, nido… En esta semana post-hospital, desde que llegué a casa, he estado histérica perdida ordenando lo que he podido, haciendo recuento de algunas cosas… Pero hasta que la habitación de Victoria no esté “vacía” no podré hacer nada como preparar la cuna, lavar y ordenar la ropita, conseguir el carrito, etc. Tenemos que llevar un montón de cosas a la finca aquella de Torrente para liberar espacio. Locurón total.

La semana que viene más, señores y señoras. Id procesando este cúmulo de información.

Iré variando en cuanto a temática, no todo sera YO y mi embarazo… Haré pequeñas y quizá erráticas reflexiones a lo largo y ancho de la maternidad.

¡Hasta la semana que viene!