Retomando…

Empiezo con el blog en este momento porque no he visto otro mejor. Hasta ahora estaba en una vorágine de trabajos, cansancio, problemas familiares, mudanzas, estrés, preparativos de boda, visitas al médico, ingreso hospitalario…

Tengo que poner al día esto así que lo haré de forma clara, sin mucho rollo pero sin aburrir tampoco (espero). Voy a coger carrerilla…

29 febrero – Ya llegó la luciérnaga a mi vida. Este fue el día que me quedé embarazada, sobre las 5 de la madrugada. ¿que cómo lo sé? pues porque lo ví con mis propios ojos. Hay gente a la que le pasa, no estoy majara ni nada por el estilo (de momento). Fue como si me hicieran una foto con el flash dándome directo a los ojos, así lo describo yo. 3 meses antes ya había percibido esta alma rondándome como una pequeña luciérnaga, como siendo avisada de que llegaba…

16 de marzo – ¡Positivazo fallero! Yo ya sabía que estaba embarazada, en realidad, que soy muy lista… Un mes atrás me había hecho un pipitest con 6 días de retraso pero salió negativo. Pero esta vez como ya sabía el resultado no esperé más que 2 días después de la fecha de regla… Fue bonito, porque no vi yo el resultado. Como hacía en mi época estudiantil, preferí que me dijera otra persona el resultado: Luis. ¡Me iba a hacer la jugarreta pero el shock se lo llevó él! DOS RAYITAS. Qué emocionante… Pero no se fiaba de ese test y quiso repetirlo “a lo pijo” con uno de estos de ClearBlue… La noche del primer positivo fuimos a celebrarlo cenando en Foster’s (somos un poco pobres, ¿vale?) y después fuimos a ver fallas. Queríamos mantenerlo en secreto hasta decírselo a parientes y a mí se me escapó la lengua y se lo dije a un par de antiguas compañeras de cole. Ana mala.

19 de marzo y 21 de marzo – Comunicando… Esos fueron los días que lo dijimos a nuestras respectivas familias. A mi suegra se lo dijimos con un granito de quinoa (el entonces tamaño de la luciérnaga) al igual que a mi cuñada. A mis padres les dije: bueno… que os voy a ascender de padres a abuelos. ¡Subimos de nivel! Cabe decir que mi padre se emocionó y mi suegra un poquito también… pero los demás estaban en shock pensando que mi vida se había ido un poco a la M. Reacción normal, tengo 23 años y no están acostumbrados.


37000287-9dab-417d-bab7-44a683e5858031 de marzo – Pequeñita de galopante corazón. 
Como estaban fallas y pascua por medio, tuvimos que esperar dos semanas para ver si había un corazoncito latiendo dentro de mi útero. Pero en ese periodo de tiempo tuvimos una pequeña señal de que sí lo había. Íbamos a tomar una tortilla y al cascar el huevo vimos que no era un huevo normal (la menstruación de una gallina) ¡sino uno FECUNDADO! se veía el pollito ultradiminuto ahí metido. Es triste por el pollito pero una gran causalidad por el momento en el que estábamos. Cuando fuimos al ginecólogo, estábamos muy nerviositos los tres (venía mi suegra). Al escuchar ese latido tan fuerte y galopante lloró ella, yo me llevé la mano al corazón y Luis se emocionó bastante. Luego yo estaba en una nube de amor increíble.

Semana 8 – Se me iba el alma por la boca. Síiiii, las náuseas, fieles compañeras de todas -o casi todas- las mujeres gestantes. Cuando tenía el estómago vacío o mediovacío me daban unas arcadas dignas de la niña del exorcista. Regué la calle Botánico Cavanilles, la calle San Vicente Mártir (todo a plena luz del día), el suelo de mi sala de estar (culpa en parte de cierto programa de TV que no quiero ni nombrar) y algún que otro sitio más. Suerte que a la semana 14 o así ya dejé de considerarme una regadera. A tiempo para mi boda que fue en la semana 16. Mi truquillo era no tener el estómago vacío y tomar cosas fresquillas (aceitunas, zumo de tomate, queso Philadelphia…).

Semana 18 – She is moving! Aquí fue cuando comencé a notarla. No sabía ni que era niña aún, eso lo sabríamos la siguiente semana. La notaba sobretodo cuando estaba tumbada y muy atenta. Cuando hacía respiraciones profundas ella se movía. Era como una pequeña sincronía. Esa semana nos fuimos de mini-vacaciones a la finca de Torrente (ciudad-pueblo por Valencia), donde se movió más para deleite de primos, tíos y familiares diversos.

Semana 19 – Se llama Victoria. En esa semana supimos (confirmamos) el sexo del bebé, acompañados por primerísima vez en la ecografía por mi madre. Ella pensaba que iba a ser niño pero vaya si se equivocó. También estaba mi suegra, ¡que no se pierde una! Luis ya sabía de sobra que iba a ser niña, esa intuición que tiene… Nada más ponerle el nombre ya advertí que no se le iba a llamar ni Vicky, ni Vivi ni cursiladas varias. Como mucho, Vic o Vico. Estas cosas hay que avisarlas desde el principio, que la gente es muy plasta.

Semana 20 – Eco Doppler. Yo ya estaba nerviosísima, necesitaba saber que todo estaba bien por ahí dentro, que seguía sana. Todo fue genial, todo estaba en orden. Victoria es una luciérnaga sana.

Durante todas las semanas de embarazo hasta prácticamente la 30 estuve muy estresada, con ansiedad por mis trabajos pre-uni. Lo pasaba muy mal, mi cerebro racional se me estaba apagando para dejarme sin raciocinio ni capacidad de concentración. Decidí abandonar el curso porque soy consciente de mis capacidades en estos momentos y en los que vienen. Puesto que hay más vías para terminar siendo matrona, que es lo que yo más deseo, esperaré lo que tenga que esperar para conseguirlo, sin poner en riesgo la crianza de Victoria (y de los que vengan detrás).

Semana 30 – Hospital. La pequeña luciérnaga hizo un intento de llegar al mundo antes de tiempo. Contracciones fuertecillas y frecuentes, pinchazos en cuello del útero, mucho movimiento… Consulté con una buena amiga matrona y me dijo que o amenaza de parto prematuro, o infección de orina o nada. Que comiera algo y si no se me pasaba que me fuera al hospital. Y así fue, de martes a viernes en Quirón. Me pusieron monitores por las mañanas y vieron contraccioncillas, pero luego al hacerme tacto no vieron que fueran productivas. Agradezco mil las visitas de familia y amigos, sus mensajes y sus llamadas. ¡Me sentí muy acompañada! Con lo incómoda que estaba con el gotero y la vía, el bajón de estar todo el día en la cama… Me vino fenomenal hablar con gente.

Semana 31 – Nido, nido, nido… En esta semana post-hospital, desde que llegué a casa, he estado histérica perdida ordenando lo que he podido, haciendo recuento de algunas cosas… Pero hasta que la habitación de Victoria no esté “vacía” no podré hacer nada como preparar la cuna, lavar y ordenar la ropita, conseguir el carrito, etc. Tenemos que llevar un montón de cosas a la finca aquella de Torrente para liberar espacio. Locurón total.

La semana que viene más, señores y señoras. Id procesando este cúmulo de información.

Iré variando en cuanto a temática, no todo sera YO y mi embarazo… Haré pequeñas y quizá erráticas reflexiones a lo largo y ancho de la maternidad.

¡Hasta la semana que viene!

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